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Mostrando entradas de febrero, 2025

Cicatrices De Tinta: Cuando Escribir Es La Única Forma De Seguir Respirando

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TL; DR: Este es mi testimonio descarnado sobre cómo la escritura me salvó cuando todo lo demás falló. No es un manual de autoayuda, sino una confesión: cómo transformé mis demonios en palabras para poder mirarlos a la cara. Exploro la delgada línea entre ficción y autobiografía, la escritura como autodiagnóstico brutal, el sangrado controlado que permite evacuar el veneno. Un mapa para navegar tus propios abismos usando palabras como antorchas en la oscuridad.     I. LA PÁGINA EN BLANCO COMO CAMPO DE BATALLA Nadie te dice que la página en blanco puede ser un espejo. Un espejo implacable que te devuelve tu reflejo más crudo cuando todo lo demás en tu vida está diseñado para ocultártelo. La primera vez que me senté a escribir de verdad —no por obligación, no por trabajo, sino por pura supervivencia— estaba en el suelo del baño a las 3 de la madrugada. El pánico me había arrancado del sueño, me había arrastrado fuera de la cama, me había dejado temblando sobre las baldosas f...

La Anatomía Del Abismo: Confesiones De Un Superviviente Del Naufragio Cotidiano

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TL; DR: En este artículo destripo mi propia existencia como quien abre un pez aún vivo. Navego por las aguas turbias de una sociedad que nos exige sonreír mientras nos ahogamos. Cuestiono la mentira colectiva de que estamos bien cuando todo se derrumba, y me rebelo contra la tiranía de la normalidad. Un grito desgarrado contra la autoayuda barata y una invitación a mirar al monstruo a los ojos: tus demonios, los míos, los nuestros.   I. LA HERIDA SIEMPRE ABIERTA Hay días en que despierto con la sensación de tener un agujero en el pecho. No es metáfora. Es un vacío físico, palpable, que me succiona desde dentro. Respiro y el aire silba al atravesar ese hueco. Me miro al espejo y sonrío. El ritual matutino de la mentira comienza temprano. A las 04:40, cuando me levanto para trabajar. Nadie quiere oír la verdad. Nadie quiere saber que anoche me quedé mirando el techo durante horas imaginando cómo sería desaparecer. No fantasías suicidas —eso sería demasiado dramático, demasia...