Del Forense Digital al Folio en Blanco: Cuando un Cazador del Cibercrimen Se Convierte en Escritor
TL; DR: Durante años he estado cazando cibercriminales, he analizado malware, he enseñado DFIR en universidades, he ganado premios con blogs de ciberseguridad. Ahora también escribo sobre el dolor humano. La transición del mundo del cibercrimen al mundo de la literatura no es un cambio de carrera: es la misma obsesión por entender sistemas rotos, solo que ahora el sistema roto soy yo. Este es mi testimonio sobre porqué dejé las RRSS de un mundo de egos inflados jugando a ser dioses digitales para entrar en otro mundo de egos inflados jugando a ser dioses literarios, y cómo ambos son el mismo infierno con diferente temperatura.
El Forense Que Se Convirtió en Cadáver (Sin Dejar de Ser Forense)
Durante años, he sido alguien que analizaba las escenas del crimen digital. El que reconstruía ataques. El que seguía las huellas de los cibercriminales. El que trazaba patrones para descubrir depravados sexuales. El que enseñaba a otros cómo cazar en la oscuridad del ciberespacio.
Sigo siéndolo. Busco. Trazo. Analizo. Reconstruyo.
Cazo.
Todos intentan esconderse —como yo—. Sigo siendo el que desarrolla herramientas para encontrar a los que no quieren ser encontrados.
Especializado en Tecnologías de la Información y Comunicaciones. “Experto” en Derecho Tecnológico e Informática Forense. Coautor de uno de los blogs de ciberseguridad más prestigiosos de España, premiado por su contenido. Invitado como ponente en multitud de congresos. Una persona que algunos recordarán, otros despreciarán, y la mayoría ignorará. Reconocido. Valorado.
Autodidacta.
Sin formación académica formal. “Otro experto salido de la Universidad de la Vida”, como me llamó otro supuesto especialista forense cuando leyó uno de mis artículos, dedicado a dar las gracias a una Comunidad que me apoyó y que creyó en mí. Un fraude. Un farsante. Un impostor que de alguna manera ha terminado dando formación académica superior especializada, escribiendo papers académicos, recibiendo dispositivos electrónicos para reviews, siendo ponente en congresos prestigiosos, y no tan prestigiosos.
Pero un día me di cuenta: llevaba tanto tiempo analizando cadáveres digitales que no me había dado cuenta de que yo mismo me estaba convirtiendo en uno. Sin embargo, aquí está el plot twist: no podía dejar de ser analista forense. Solo podía añadir otra identidad. Fragmentarme más.
1. La Verdad Sobre el Mundo de la Ciberseguridad
El Ego Es el Verdadero Malware
El mundo de la ciberseguridad está lleno de egos más inflados que un buffer overflow. Todos son “expertos”. Todos son “hackers éticos”. Todos tienen la solución definitiva para la ciberseguridad.
Es un círculo de masturbación intelectual donde:
- El que encuentra una vulnerabilidad es dios por un día
- El que publica un CVE es profeta
- El que da una charla en DEF CON es mesías
- El que trabaja en una de las Big Tech GAFAM o en una de las Big Four no necesita presentación
He pasado años en ese mundo. He publicado. He investigado. He enseñado. Y cada día me he sentido más vacío.
DFIR: Digital Forensics and Incident Response (O Cómo Buscar Agujas en Pajares Infinitos)
Di una charla en uno de los congresos más importantes de España. Enseñaba a buscar la verdad en los sistemas comprometidos. A responder preguntas fundamentales:
- ¿Qué ha pasado?
- ¿Quién ha sido?
- ¿Cómo lo ha hecho?
- ¿Cuándo ha ocurrido?
- ¿Dónde tuvo lugar?
- ¿Por qué ha pasado?
Las mismas preguntas que ahora me hago sobre mi propia vida. Solo que ahora no tengo herramientas forenses para encontrar las respuestas. No hay EnCase para el alma. No hay Autopsy para las emociones. No hay Wireshark para capturar los paquetes de dolor que circulan por mis venas.
Mi DFIR Existencial
- ¿Qué ha pasado? → Fragmentación sistemática de la identidad
- ¿Quién lo ha hecho? → El sistema educativo, la sociedad, yo mismo
- ¿Cómo? → Humillación pública como vector de ataque inicial
- ¿Cuándo? → Academia, punto de infección
- ¿Dónde? → En la psique del niño que escribía sonetos
- ¿Por qué? → Porque los sistemas humanos no están diseñados para soportar ciertos tipos de trauma sin corromperse
2. El Blog Como Primer Síntoma
La Transición Inconsciente
Empecé un blog personal. Supuestamente sobre DFIR. Supuestamente técnico. Pero ya empezaba a sangrar entre líneas.
Escribí sobre bots de Telegram y sobre herramientas de OSINT que yo mismo desarrollaba, pero sobre lo que realmente escribía era sobre la soledad del investigador. Sobre el vacío de perseguir sombras digitales. Sobre la ironía de buscar la verdad en sistemas mientras mi propio sistema se corrompía.
Escribí un artículo que era una respuesta a otro “experto” que decía que el DFIR debería dejarse solo a profesionales —aunque el término ‘profesional’ sea algo discutible—. Mi respuesta fue visceral. Personal. Sangrante. Ya no era el analista objetivo. Era alguien herido defendiendo su derecho a existir en un espacio digital dominado por aquellos que tienen “papeles”.
El Premio Que No Llena
Ganamos un premio. El premio. Mejor blog de seguridad informática.
Recuerdo estar en la gala, rodeado de mis “hermanos”, y sentir un vacío absoluto. Habíamos ganado. Éramos reconocidos. Teníamos una comunidad de miles de seguidores.
¿Y qué?
El conocimiento técnico no sanaba nada. Los exploits no explotaban mi dolor. Los payloads no llevaban carga emocional que importara.
3. La No-Ruptura: ¿Por Qué No Dejé la Ciberseguridad (Solo Me Fragmenté Más)?
El Incidente Que No Pude Responder
Hubo varios incidentes. No digitales. Personales. Unos que ninguna herramienta forense podía analizar. Unos que ningún framework de respuesta podía contener.
Mi madre. El alcohol. La degradación lenta de un sistema humano que ningún antivirus puede proteger.
Mi propio cuerpo. El cáncer. Un malware biológico que ningún firewall puede detener.
La muerte de mi abuelo.
Sophia.
Mi mente. La fragmentación. Un sistema operativo corrupto que ningún backup puede restaurar.
Y me di cuenta: llevaba años analizando amenazas externas mientras las amenazas internas me devoraban.
La Hipocresía de la Seguridad
Enseñaba técnicas de análisis forense informático mientras mi vida era un desastre plagado de vulnerabilidades sin parchear. Predicaba buenas prácticas mientras mis propias prácticas me destruían. Cazaba cibercriminales mientras el verdadero terrorista vivía en mi cabeza.
La ironía era insoportable. Era como ser bombero mientras tu casa se quema. Como ser médico mientras te mueres de algo curable. Como ser un socorrista mientras te ahogas.
La Solución: Vivir Dividido
No puedo dejar la ciberseguridad. Es mi sustento. Mi identidad profesional. El Marco-binario que funciona, que produce, que es valorado.
Pero tampoco puedo seguir sin escribir. Lo he intentado. Desde niño escribía, hasta que la Academia de la Guardia Civil me humilló públicamente y escondí al poeta. Enterré al literato. Me convertí en máquina.
En 2019 dejé las redes sociales del mundo de la ciberseguridad —un parche de emergencia—. No así el trabajo. Solo la performance socio-laboral. Sigo cazando criminales en silencio, en la sombra. Sigo desarrollando herramientas. Sigo siendo un investigador para los sistemas, pero he desaparecido como persona para el resto de los humanos.
Y he retomado la escritura. No porque quiera. Porque mi salud mental así lo exige. Porque el silencio me estaba matando desde dentro.
Ahora vivo dividido:
- Marco-binario: funcional, productivo, valorado
- Marco-juntador-de-letras: roto, sangrante, real
Mi cuerpo va a la oficina. Mi alma se queda escribiendo.
Es un torpe intento de crear un firewall entre las dos identidades. Pero los firewalls no dividen identidades —solo las aíslan temporalmente—.
4. La Transición: Del Código al Verso
Mismo Cerebro, Diferente Compilador
La belleza retorcida de mi situación no está en la transición —porque no hay transición, solo revelación—. Está en que finalmente he encontrado la forma de ser forense de mi propio sistema corrupto. El cerebro forense y el cerebro escritor son el mismo:
Análisis Forense Digital:
- Reconstruir qué pasó a partir de fragmentos
- Buscar patrones en el caos
- Documentar meticulosamente
- Entender sistemas complejos
- Encontrar la verdad oculta
Escritura Literaria:
- Reconstruir trauma a partir de memorias fragmentadas
- Buscar patrones en el dolor
- Documentar obsesivamente
- Entender la psique humana
- Encontrar la verdad emocional
Es el mismo proceso. Solo cambia el sistema que se analiza.
El Primer Texto: Cuando el Forense Se Volvió Poeta
Mi primer texto literario —al retomar la escritura— fue sobre un sistema comprometido. No digital. Humano. Yo.
Lo escribí como escribía informes forenses: meticulosamente, obsesivamente, buscando cada detalle. Pero los IOCs (Indicators of Compromise) eran emocionales. Los TTPs (Tactics, Techniques, and Procedures) eran psicológicos. El threat actor era mi propio trauma.
Los poetas no mueren. Se enquistan. Se vuelven procesos zombi que consumen recursos en silencio hasta que encuentran una vulnerabilidad para resurgir.
5. Lo Que Traje del Mundo Digital
La Obsesión con la Documentación
En DFIR, si no está documentado, no ha pasado. Chain of custody. Logs. Timestamps. Todo debe ser trazable. Reproducible.
Ahora documento mi dolor con la misma obsesión. Cada artículo es un log entry. Cada texto es un timestamp emocional. “El Silencio de Marco” es mi incident response report personal.
El Pensamiento Sistémico
Años analizando sistemas me han enseñado a ver conexiones donde otros ven caos. A entender que todo está interconectado. Que una pequeña vulnerabilidad puede comprometer toda una red de sistemas.
Ahora veo mi psique como uno de esos sistemas. Mi neurosis como vulnerabilidades. Mis traumas como exploits que alguien ejecutó hace años y siguen corriendo en background.
La Paranoia Productiva
En ciberseguridad, la paranoia es supervivencia. Assume breach. Zero trust. Defense in depth.
Ahora aplico esa paranoia a la escritura. No confío en ningún lector. Asumo que todos son hostiles. Escribo con capas de defensa: humor negro, ironía, brutalidad. Si atraviesas todas esas capas y sigues leyendo, tal vez seas alguien seguro para mí.
6. Lo Que No Echo de Menos
Las Conferencias del Ego
RootedCON, EuskalHack, Navaja Negra… Las recuerdo con cariño y náusea simultáneamente.
El ritual era siempre el mismo:
- Charlas donde todos pretenden saber más de lo que saben
- Networking que es realmente medición de pollas digitales
- CTFs donde los mismos equipos ganan siempre
- After parties donde el alcohol revela que todos están tan rotos como yo
Ahora mis conferencias son mis artículos. No hay Q&A. No hay networking. Solo yo sangrando y tú leyendo —o no leyendo—.
La Cultura del “Hacker”
Todos quieren ser Mr. Robot. Todos citan a Sun Tzu. Todos tienen nicks incomprensibles —yo también lo tengo— y avatares de Guy Fawkes.
Es un teatro donde todos interpretamos el papel del hacker genio antisocial. Pero detrás de las máscaras, solo somos nerds con problemas sociales jugando a ser peligrosos.
Ahora no finjo ser peligroso. Soy peligroso. Para mí mismo. Y lo documento.
7. Lo Que Descubrí en la Literatura
Los Mismos Egos, Diferente Disfraz
Pensé que el mundo literario sería diferente. Que versaría sobre el arte, la verdad, la belleza.
Mentira.
Es el mismo circo con diferentes payasos. En lugar de CVEs, tienen publicaciones. En lugar de conferencias de seguridad, tienen presentaciones de libros. En lugar de vectores de ataque, tienen premios literarios.
Los egos están igual de inflados. Las competencias son igual de patéticas. La masturbación intelectual es igual de improductiva.
La Soledad Es Universal
En ciberseguridad, estás solo frente a la terminal.
En literatura, estás solo frente a la página.
En ciberseguridad, nadie entiende realmente lo que haces.
En literatura, nadie lee realmente lo que escribes.
En ciberseguridad, finges que estás salvando el mundo.
En literatura, finges que estás cambiando consciencias.
Ambas son mentiras que nos contamos para soportar la soledad.
8. El Síndrome del Impostor al Revés
En Ciberseguridad —creo que— Soy Competente
Tengo títulos. Certificaciones. Publicaciones. Ponencias. Premios. Soy, objetivamente, competente en mi campo. Aun sin esa añorada formación académica reglada.
Pero me siento como un fraude porque nada de eso me importa. Porque mientras todos hablan apasionadamente de la última vulnerabilidad, yo pienso en la muerte. Mientras todos debuggean código, yo solo quiero debuggear mi alma.
En Literatura Soy un Fraude
No tengo formación literaria formal —y a estas alturas ya no espero tenerla—. No he leído a todos los clásicos —poco a poco voy sumando lecturas—. No he leído los tratados de métrica —llevo contando sílabas desde antes de saber que eso tenía nombre—.
Pero no me siento como un fraude porque me importa. Porque sangro en cada palabra. Porque mi incompetencia técnica está compensada por mi honestidad emocional.
Es el síndrome del impostor al revés: me siento un fraude cuando soy experto, me siento auténtico siendo amateur.
9. La Revelación Final
Siempre Fui Escritor (Hasta Que Me Lo Arrancaron)
Empecé a escribir siendo niño. Poemas. Sonetos. Alguna lira. Mundos enteros en cuadernos escolares.
Pero vino la Academia. La peor y más dolorosa humillación pública. No importan los detalles ahora —esos irán al “Silencio de Marco”—. Solo importa que ese día maté al poeta. Enterré al literato. Me convertí en código binario porque las máquinas no sienten humillación.
Durante años he sido solo Marco-binario. Eficiente. Funcional. Muerto.
Pero mirando hacia atrás, incluso muerto, seguía siendo escritor. Mis informes forenses eran narrativas. Mis análisis de malware eran autopsias poéticas. Mis charlas eran actuaciones.
Lo que escribía en los blogs de la Comunidad no era solo un contenido técnico. Era literatura disfrazada de documentación. Era el poeta intentando respirar bajo el código. Era poesía disfrazada de pruebas y de tutoriales.
Cada vez que escribía sobre un procedimiento forense, estaba escribiendo sobre las formas en que los sistemas se rompen. Y los sistemas que más me interesaban siempre fueron los humanos.
El DFIR Personal Mientras Sigo Cazando Criminales
Ahora hago DFIR sobre mí mismo mientras, al mismo tiempo, hago DFIR sobre otros.
Por el día: Cazo cibercriminales, analizo malware, desarrollo herramientas, escribo informes técnicos.
Por la noche: Me analizo, documento mis fragmentos, escribo desde la herida, sangro en páginas.
· Digital Forensics: Analizo los artefactos digitales de mi pasado. Los emails no enviados. Los drafts abandonados. Los logs emocionales.
· Incident Response: Respondo a mis propios incidentes psicológicos. Contengo las brechas emocionales. Documento los daños. Intento recuperación.
Pero a diferencia del DFIR digital, aquí no hay restoration point. No hay backup limpio al que volver. Solo queda convivir con el sistema comprometido —y corrupto—.
No es una transición. Es una esquizofrenia funcional. Una doble vida necesaria.
En el mundo técnico soy alguien que no quiero ser, pero soy alguien bien visto, valorado, querido. En el mundo literario no soy nadie, pero me siento yo.
Al menos en parte. Al menos lo que queda de mí después de tantas fragmentaciones.
10. El Manifiesto del Esquizofrénico Funcional
Para los Que Viven Divididos
Si estás en ciberseguridad y sientes que mueres
lentamente…
Si estás en cualquier campo técnico y tu alma grita por expresión…
Si finges pasión por tu expertise
mientras tu verdadera pasión se pudre…
No tienes que escapar. A veces no puedes. A veces la fragmentación es la única supervivencia posible.
Vive dividido si es necesario. Sé dos personas. Tres. Las que hagan falta. Tu Marco-funcional paga las facturas. Tu Marco-alma te mantiene humano.
No necesitas fusionar las identidades. No necesitas elegir. La coexistencia tensa es una forma válida de supervivencia para sistemas demasiado complejos para una sola partición.
Tu vida es más corta de lo que crees. Tu capacidad de mentirte tiene límite. Tu alma tiene fecha de caducidad.
No es ideal. Es supervivencia.
Para los Que Ya han escapado
No eres un traidor por dejar tu campo. No eres un fracasado por cambiar de rumbo. No has desperdiciado años de formación.
Todo lo que has aprendido te sirve. Solo que ahora lo aplicas a sistemas diferentes. Más complejos. Más importantes. Más humanos.
El Escarnio Como Hábitat Natural
He vivido en el escarnio público desde niño. La humillación en la Academia fue solo una más en la colección. “Otro experto de la Universidad de la Vida”. “Fraude”. “Farsante”. “Impostor”.
Vivo en el escarnio público. Es mi hábitat natural. Mi ecosistema.
Pero nadie me ha regalado nunca nada. Nunca he pedido nada a nadie. Todo me lo he ganado a pulso, con horas de dedicación, con esfuerzo. A base de prueba-error.
O quizás, como pienso en mis noches más oscuras, solo he estado siempre en el momento adecuado y en el lugar oportuno. Un impostor con suerte.
La diferencia es que ahora documento mi impostura. La convierto en literatura. Sangro mi síndrome en páginas.
La Confesión Que Nadie Pidió
A veces extraño la simplicidad del código cuando estoy escribiendo. Un bug es un bug. Lo parcheas o no. Funciona o no.
Pero luego vuelvo al código al día siguiente y extraño la complejidad de la escritura. La ambigüedad. La imposibilidad de patches definitivos.
Vivo entre dos mundos que me necesitan y me rechazan simultáneamente.
En ciberseguridad soy el autodidacta que no debería estar ahí pero está. En literatura soy el que escribe desde niño, pero tuvo que esconderse.
Los humanos no tienen patches. Los traumas no tienen CVEs. El dolor no tiene PoC (proof of concept).
Pero tampoco el código tiene alma. Las infecciones no sangran. El malware no sufre.
Prefiero esta esquizofrenia funcional a elegir un solo
mundo.
Prefiero ser dos Marcos rotos que un Marco muerto.
Prefiero vivir fragmentado que no vivir.
Prefiero esta complejidad sin solución a la simplicidad sin alma.
Prefiero sangrar verdad a compilar mentiras.
Prefiero ser un escritor mediocre auténtico que un experto brillante vacío.
El Último Log Entry
[2019-11-XX 04:23:17] - Sistema
comprometido desde la infancia busca coexistencia
[2019-11-XX 04:23:45] - Fragmentación ciberseguridad/literatura iniciada
[2019-11-XX 04:24:12] - Advertencia: Proceso irreversible de doble vida
[2019-11-XX 04:24:38] - Marco-binario: Operativo en horario laboral
[2019-11-XX 04:25:01] - Marco-poeta: Operativo en horario nocturno
[2019-11-XX 04:25:33] - Estado: Esquizofrenia funcional estable
[2019-11-XX 04:26:00] - Nota: No hay merge
posible entre identidades
[2019-11-XX 04:26:15] - Aceptando fragmentación como permanente
Del Marco que sigue siendo al Marco que siempre fue. De un artifact al verso, sin dejar el análisis de evidencias. Del malware a la metáfora, sin abandonar el malware.
La misma obsesión. Doble compilador.
El mismo dolor. Doble lenguaje.
El mismo impostor. Doble impostura.
Ahora vivo en modo dual boot emocional. Y está bien. Es funcional. Es supervivencia.
Escribo para sobrevivir, no para ti; publico para ti, no para mí
Todo lo que hago, lo hago buscando UNA SOLA conexión. Si a una sola persona le sirve, me doy por satisfecho.
Pero estoy cansado. Agotado. Exhausto. Veo las cifras y me pregunto: ¿realmente vale la pena aplicar tanto esfuerzo, sacrificarme a mí mismo, fragmentarme más?
Dos identidades corriendo en paralelo, ambas demandando recursos.
No puedo más. No así. No a este ritmo. No con esta intensidad que me consume desde ambos lados.
Es probable que deje de escribir una temporada. O que escriba menos. O que escriba diferente. O que siga escribiendo exactamente igual porque es lo único que sé hacer: documentar mi fragmentación mientras esta sucede.
No lo sé. Los sistemas en dual boot a veces necesitan reiniciarse. A veces se cuelgan. A veces hay que forzar el apagado y rezar para que vuelvan a arrancar.
Pero aquí está la verdad que ningún Marco quiere admitir: no puedo dejar de escribir como no puedo dejar de analizar. Son funciones core de mi sistema operativo corrupto. Puedo pausarlas, pero no eliminarlas.
Así que seguiré. Fragmentado. Exhausto. Dividido. Pero seguiré.
Porque la alternativa es el kernel panic definitivo.
Y todavía no estoy listo para ese crash.
"La soledad es estar
en dos mundos a la vez
con una pistola en la mano."
(Claudia Kerik)
Disparo palabras para no dispararme a mí mismo.
Marco-binario y Marco-poeta coexisten en tensión permanente, ninguno feliz, ambos necesarios, esperando el día en que el sistema finalmente colapse o, contra toda probabilidad, encuentre una forma de compilar ambos códigos en un solo ejecutable funcional.
Pero ese día no es hoy.
Hoy solo hay dual boot.
Y está bien.
Sigue siendo supervivencia.
Para mis colegas del mundo del cibercrimen que lean esto: sí, sigo siendo yo. Sigo cazando. Sigo analizando. Sigo desarrollando herramientas. Solo que ahora también sangro en páginas. Para mis nuevos colegas escritores: sí, vengo del mundo digital en su cara más cruel. Mi neurosis es 100% orgánica, compilada localmente en mi cerebro fragmentado. Un cerebro que debe funcionar en dos sistemas operativos simultáneamente. Sin fusión posible. Solo con coexistencia tensa.

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